oído en el bondi

El pasajero de atrás , creo haber escuchado, hablaba sobre la necesidad imperiosa que los compositores escriban en el estilo de la música que escuchan.

Todos estos tipos, decía con un tonito canchero casi insoportable, en su casa escuchan Van der graaf y no Lachenmann, son hipócritas que mueren por tocar rock y hacen música académica.

Su indignación iba creciendo mientras que su interlocutor asentía  con admiración como si en ese mismísimo momento le estuvieran explicando el funcionamiento del inconsciente.

Mi timidez natural me impidió darme vuelta para decírselo, no los conocía , y no deseaba tener una disputa estética en el colectivo.

Así que me quedé pensando por ejemplo en la admiración que suscitaba entre nosotros , jóvenes de los 80 que Sting escuchara a Lutoslawsky o  mas tarde, enterarme que Ligeti había  encontrado enormemente inspiradora la música de los Pigmeos, que en la tapa de Sgt. Pepper estuviera Stockhausen , que en el doble blanco hubiera una pieza de música concreta.

Mientras recordaba, el interlocutor del asiento de atrás aseveraba con tono docto y pausado que en realidad no hay diferencias entre  músicas complejas y simples y que lo importante es la buena música , sea en el estilo que fuere, mientras se a manijeaban mutuamente  reconociéndose como los mejores en su campo, yo seguía pensando en Harrison escuchando música de la India y haciendo un álbum de música electrónica,

los ejemplos se me hacían infinitos. Escuchar y hacer, parecería no son actividades continuas, pero mis ompañeros de bondi  no habían pasado por ninguna de esas sospechas que hacen que nuestras certezas  amainen, que nuestro ego decrezca para que aparezca un vislumbre de la complejidad y de nuestra pequeñez, eso no era su fuerte,   mientras no dudaran , sus egos se tonificaban y con el ejercicio del poder  y la mutua admiración se  les lubricaba algo en su interior.

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