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Curso de Composición

Desde el 25 de septiembre y por 8 clases, estaré
dictando el Curso de extensión El timbre en tanto modelo composicional
en la Untref. (Caseros II) Viernes de 13.30 a 15.30 horas

Aranceles no alumnos de UNTREF 100 $

alumnos de UNTREF 50$
Sede Caseros I
Valentín Gómez 4828
(frente a la estación)
4759-0040/3578/28/32 Opc. 5
extension@untref.edu.ar
Lunes a viernes de 9 a 13 y de 14 a 21 hs

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Sonido como modelo

oído en el bondi

El pasajero de atrás , creo haber escuchado, hablaba sobre la necesidad imperiosa que los compositores escriban en el estilo de la música que escuchan.

Todos estos tipos, decía con un tonito canchero casi insoportable, en su casa escuchan Van der graaf y no Lachenmann, son hipócritas que mueren por tocar rock y hacen música académica.

Su indignación iba creciendo mientras que su interlocutor asentía  con admiración como si en ese mismísimo momento le estuvieran explicando el funcionamiento del inconsciente.

Mi timidez natural me impidió darme vuelta para decírselo, no los conocía , y no deseaba tener una disputa estética en el colectivo.

Así que me quedé pensando por ejemplo en la admiración que suscitaba entre nosotros , jóvenes de los 80 que Sting escuchara a Lutoslawsky o  mas tarde, enterarme que Ligeti había  encontrado enormemente inspiradora la música de los Pigmeos, que en la tapa de Sgt. Pepper estuviera Stockhausen , que en el doble blanco hubiera una pieza de música concreta.

Mientras recordaba, el interlocutor del asiento de atrás aseveraba con tono docto y pausado que en realidad no hay diferencias entre  músicas complejas y simples y que lo importante es la buena música , sea en el estilo que fuere, mientras se a manijeaban mutuamente  reconociéndose como los mejores en su campo, yo seguía pensando en Harrison escuchando música de la India y haciendo un álbum de música electrónica,

los ejemplos se me hacían infinitos. Escuchar y hacer, parecería no son actividades continuas, pero mis ompañeros de bondi  no habían pasado por ninguna de esas sospechas que hacen que nuestras certezas  amainen, que nuestro ego decrezca para que aparezca un vislumbre de la complejidad y de nuestra pequeñez, eso no era su fuerte,   mientras no dudaran , sus egos se tonificaban y con el ejercicio del poder  y la mutua admiración se  les lubricaba algo en su interior.

po(i)ética del oir

El acento , el énfasis y el furor hermenéutico puesto en “la escucha” derivado en partes igual de nuestra cultura psicoanaliticocéntrica y el Schafferianismo practicado por estas tierras, al que, reconozco , adhérí por mucho tiempo,  mas del deseable, me han  impedido comprender   mi modo propio de recibir  y procesar la música.

Hace muchísimas décadas ya , había escrito un pequeño poema, que comenzada diciendo  “Escuchar música como quién mira fuego” . No me daba cuenta en ese momento, que el poema , en si era todo un programa, que describía mi modo de estar en la música.

Para recibir la música No tenemos porqué normalizarnos, ni coincidir , ni compartir categorías que no experimentamos vivencialmente.aunque la educación haga todo lo posible para eso.

Escuchar música como quien mira fuego , es sencillamente oir.  Y oir no necesariamente es un acto de menor jerarquía que escuchar. En nuestras tierras, en las que tenemos diferenciado el ser del estar, oír habla mucho mas de un compromiso existencial que el acto de   escuchar, siempre dirigido hacia blancos definidos.

La escucha   está especialmente dotada mas que para desentrañar unidades y posibilitar el entender (entendre) , pero si estamos existencialmente  junto con la música, no es necesario desentrañarla, ya que somos con ella.

Un hermoso libro , llamado L’ ordre caché de l’ art , de Ehrenzweig  me ha allanado la comprensión de ésta idea.

Y qué del ob audire, del oír como obedecer, tan desarrollado en “El odio a la música” ? Probablemente el ob audire de Quignard se recubra mucho mas con el  verbo escuchar en español que con el verbo oir. Escuchar , es usar el oído como un ojo , pero oir, además de ser el inverso del río , tiene la forma del pabellón de la oreja, la forma de un laberinto. Si una mujer nos dice “escuchame” seguramente no será mas que para comunicarnos un malestar, en cambio si nos dice oíme, estaremos seguros que nos está invitando a recorrerla, sin tiempo.

Qué si no hay objetos que desentrañar? que si no hay gestalts preponderantes? qué si percibimos borrosamente , pero eso que percibimos está tremendamente cerca de lo dicho? que si nuestro oído traspasa el sonido y atiende a otra cosa a la que sólo accedemos desenfocandonos de los objetivos y del procesamiento de información? qué si la enseñanza/aprendizaje de la música es lo que nos lleva más lejos de su propio sentido?   mi  poema terminaba diciendo : algunos sonidos podrán perderse, en ellos podemos poner una cara,  el silencio… o simplemente vacío.